La noche caía y llegaba las horas en las que hay que pararse a pensar. Pensar en lo que pasa y deja de pasar. En lo que se mueve a nuestro alrededor. Todo estaba empezando a ser llenado por rosas rojas y aroma a pétalos. Las noches empezaban a sobrar y la hora de coger el telefono parecia no llegar. Todo tomaba un agradable sabor dulce. Nada de obligaciones, nada de secretos... Todo funcionaba al son del querer y no del tener.
Pero llegó ese punto en el que el chocolate empezaba a estar amargo. Llego el momento de ponerle nombre a las cosas y crecer.
Pero uno no quiso crecer.

Hay que tener cuidado con lo que se sueña, podria hacerse realidad.
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