Querido diario,
Llevo unos meses cargados de muchas emociones. Tu regreso ha removido mucho, y solo hago acumularlo y enseñarlo en forma de no dormir bien y dolores de espalda.
Pasamos un finde en mayo como los que ya no recordábamos. A gusto es la palabra que puede resumir 3 días intensos. Y lo he dicho yo, y lo has dicho tú (y varias veces, así que no se considera mentira).
Luego llegó Junio, pero las flores desaparecieron. Eras el de siempre con las movidas de siempre. Nunca lo has dejado de ser, no conmigo. Según tú fue un finde genial y no querías que acabara. Según tus palabras me refiero, porque los hechos eran que ese finde no había magia y que a los dos días la viste y se te olvidó todo rápido.
Y en tu historia vuelvo a ser algo previo, algo complementario, y a mi me haces daño. "Si no hacemos mal a nadie" me dijiste en un momento íntimo. "O si" te respondí yo. Claro que sí hacemos daño. Nos lo hacemos a mi, y no es justo, porque yo me quiero, y sé que no de forma diferente, tú también me quieres mucho a mi.
Así que, se acabó el poner buena cara y dejarse llevar. Porque dejarse llevar suena demasiado bien, pero después duele demasiado mal.
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