En lo que llevo de vida he conocido muchos tipos de amores.
Hay amores con los que nacemos, ese amor de nuestros padres, hermanos y familiares que sin habernos visto la carita ya nos quieren con todo su corazón.
También hay amores que van surgiendo del día a día: los cuidadores en la guardería, los amiguillos que hacemos en el preescolar... Hasta esos que, con 6 años simplemente se acercan y te preguntan si quieres ser su amiga.
Hay otros amores que no son tan dulces ni tan bonitos, porque todos hemos tenido la edad del pavo y nos hemos enamorado y nos han partido el corazón, pensando que nunca volveríamos a querer a alguien de esa manera. Benditos dieciaños.
Tenemos otros amores, de esos que nos duelen, pero físicamente, y es que cuanto mas fuerte te pega tu herman@ o más te hace rabiar más te quiere. Cada uno demuestra el amor a su manera.
También hay amores que se van apagando según los años, y es que ya sabemos, que no todo es eterno, incluido las amistades del colegio.
Tenemos el amor de la familia que no es de sangre, esa que no se mide en años ni cantidad, si no en calidad y momentos juntos.
Y no olvidemos ese amor eterno de todos esos hombros que tenemos dispuestos para aguantar nuestros llantos, aunque sean por algo que nos dijeron que no era buena idea hacer.
Hay amores del "te lo dije" que nunca se dice y se cambia por un "todo saldrá bien".
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