De pequeños nos enseñan el nombre de las cosas. Mamá,papá, casa, juguete, comida... Nos enseñan a ponerle nombre a nuestras muñecas. Pasan los años que vamos aprendiendo nuevos nombres y quien puso ese nombre. Vamos poco a poco etiquetando las cosas.
Cuando llega la edad, nos dedicamos a decir " ¡tengo novio, tengo novio!", pero pasa el tiempo y queremos no usar ese nombre de forma tan sencilla.
Y aqui llegamos a no querer ponerle nombre a las cosas,¿por qué? Por miedo a lo que ello conlleve, pero sobre todo, por miedo a lo que ello hace sentir. El hecho de sentirte atado a alguien, a depender y ser vulnerable. A organizar tu vida en torno a esa persona. Miedo a lo que pueda pasar, o peor aun.. a lo que no pase. Miedo a tener que dar explicaciones.
Eso es lo primero que se nos pasa por la cabeza cuando nos preguntan "¿estais juntos?". Pero.. cuando ya afirmamos esa pregunta, vemos que ese "novio" nos lleva a dar los paseos mas bonitos del mundo, a despertarte con una sonrisa aunque hayas dormido mal. Te lleva a tocar el cielo con los dedos, y en ese momento te preguntas..¿Mereció la pena? Y ves que toda discusion, todo problema que pueda haber, merece la pena, solo por un segundo mas con esa persona.
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